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domingo, 18 de febrero de 2018

Este ático de inicios del s.XX es un espacio oloroso, íntimo y hedonista


Ubicado en una característica calle del Barrio de Salamanca de Madrid, el ático transformado en el ”Penthouse H” por Langarita Navarro Arquitectos formaba parte de la sexta planta de un típico edificio burgués de principios del siglo XX. Su función original era la de academia de pintura.

La genética del ático posee las cualidades de los tradicionales estudios de pintura: un volumen principal a dos aguas con una altura generosa, llega a los 7 metros en la cumbrera y un gran ventanal de hierro orientado a Norte para una iluminación homogénea del espacio de trabajo. El resto de los elementos construidos lo componían unos cuerpos menores en torno a dos patios interiores y la fachada trasera.




Los retranqueos a las fachadas permiten disfrutar del exterior en dos singulares espacios. A norte una terraza alargada introduce en el primer plano de vistas un torreón con un pintoresco remate. La terraza sur, deja un espacio generoso y fantásticamente orientado, con dimensiones suficientes para ser considerada una habitación más.


El proyecto ha seguido dos estrategias. La primera, mantener todas aquellas condiciones singulares que hacían del espacio original un lugar único. De este modo se han respetado la escala del volumen, la composición y materialidad del ventanal, el envejecido suelo de pino y las puertas de madera originales.


La segunda estrategia fue intervenir sobre este ”lienzo recuperado” a partir de operaciones espaciales puntuales vinculadas a las lógicas de la construcción de mobiliario o jardinería, ampliadas de escala. En el cuerpo principal se ha rehecho un precario altillo con una solución capaz de resolver estructura y climatización minimizando el impacto visual. Bajo el altillo se resuelve la cocina, la escalera de subida y el almacenamiento de la casa.


En las habitaciones, un cuerpo de mobiliario y ventanal construye un límite permeable con el exterior. La terraza sur se ha configurado como una habitación más en el que la red de trepadoras (rosales, glicinias, hidras o jazmines) acabara por crear un espacio oloroso, íntimo y hedonista.




”Los áticos forman una peculiar geografía urbana. Su condición de remate de lo edificado suele dar lugar a sorprendentes singularidades apenas imaginables cuando uno pasea a ras de suelo de la ciudad. Esta reforma se vincula a ese mundo fantástico y lo explota mediante la restitución de las asombrosas cualidades originales y la invención de operaciones arquitectónicas próximas a la ebanistería y a la jardinería.” explicaron los arquitectos María Langarita y Víctor Navarro.



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